EDITORIAL | QUILPUÉ: EL CARISMA NO BASTA PARA GOBERNAR
La alcaldesa Carolina Corti difícilmente pudo haber encontrado condiciones políticas más favorables para iniciar su administración en Quilpué. Llegó al municipio con un Concejo Municipal de mayoría de derecha, una oposición que durante sus primeros meses mantuvo una actitud relativamente pacífica y una situación financiera heredada que, lejos de representar el principal obstáculo de su gestión, ofrecía condiciones para proyectar su gobierno. Sin embargo, poco tiempo después, la comuna enfrenta una de sus crisis administrativas y políticas más complejas de los últimos años.
A Carolina Corti se le reconoce una cualidad que pocos discuten: su carisma. Su cercanía con las personas, su facilidad comunicacional y su capacidad para desenvolverse públicamente han sido parte importante de su identidad política, atributos que algunos relacionan con su formación como relacionadora pública. Pero una comuna no se gobierna solamente con carisma, sonrisas o abrazos. Gobernar requiere equipos competentes, planificación, responsabilidad administrativa y, sobre todo, liderazgo político para anticipar los problemas antes de que se conviertan en crisis.
Lo ocurrido en Quilpué evidencia cuestionamientos serios tanto a la gestión técnica como a la conducción política municipal. Sin embargo, sería insuficiente reducir toda la responsabilidad a la figura de la alcaldesa. También corresponde examinar el diseño de gobierno, los equipos de confianza y las decisiones políticas que han sostenido su administración.
No es un antecedente menor que Carolina Corti sea una de las principales figuras de Renovación Nacional en la Región de Valparaíso y encabece la tercera comuna más poblada de la región. Por ello, esta crisis también representa un cuestionamiento a la capacidad de conducción del sector político que respalda su administración. Lo demuestra el hecho de que concejales de derecha, centro e izquierda hayan coincidido en formular reparos al manejo presupuestario municipal. Cuando las advertencias atraviesan las fronteras partidistas, resulta difícil reducir el conflicto a una simple disputa entre oficialismo y oposición.
Pero mientras las responsabilidades se discuten en el Concejo Municipal, hay quienes enfrentan consecuencias mucho más inmediatas. Cientos de trabajadores municipales han quedado atrapados en una crisis que no originaron. Entre ellos hay funcionarios con años de servicio, personas que han construido una trayectoria laboral desde sus competencias profesionales y no desde una militancia partidista ni desde vínculos de confianza política. No corresponde que sean ellos quienes paguen el costo de decisiones adoptadas por otros.
Y el problema tampoco termina en las remuneraciones. La búsqueda de recursos para resolver la controversia ha puesto sobre la mesa la posibilidad de reasignar fondos destinados a proyectos y servicios comunales. Es decir, la crisis amenaza con trasladar sus costos desde las oficinas municipales hacia las necesidades cotidianas de Quilpué.
Una administración puede enfrentar dificultades, cometer errores e incluso rectificar decisiones. Lo que no puede hacer es eludir la responsabilidad de conducir las soluciones. Porque gobernar no consiste únicamente en estar cerca de las personas cuando las cámaras están encendidas, sino en responder por ellas cuando las decisiones se vuelven difíciles.
Quilpué necesita algo más que cercanía. Necesita conducción, responsabilidad y certezas. Y, sobre todo, necesita que quienes no provocaron esta crisis no terminen pagando sus consecuencias.
Fernando Alvarado / Jefe Editorial de Vivo al Día Valparaíso.
Publicacion original en Facebook.
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